¿UN BELEN SATÁNICO?
He leído por ahí, que el mayor logro de Álex de la Iglesia con "el día de la bestia" fue esa especie de burla esperpéntica sobre la Navidad. ¿Queréis saber de dónde sacó la idea de imitar el nacimiento de Jesús usando marginales para su particular "anticristo" madrileño?
(El ANTIPAPA narra el nacimiento del ANTICRISTO, 3 años antes del estreno de "el día de la bestia". Tened siempre en cuenta, que libro y Álex de la Iglesia coincidieron en la productora EL DESEO, S.A., desde mediados de junio del 92 hasta, por lo menos, la finalización de ACCION MUTANTE. Al terminar esta película con los hermanos manchegos, Álex y Jorge pasan a ser pupilos de Andrés Vicente Gómez):
Este es el texto en el libro LA LUZ:
"La estrella se paró un poco más al sur, seguimos caminando hasta encontrar el punto en que caía el haz de luz que despedía la estrella. Distinguí la entrada a una cueva, protegida únicamente con una cortina de rayas verticales; a unos metros, vi a Saeta tumbarse como si supiera que descansaríamos allí. A medida que me acercaba, un embotamiento punzante se apoderaba del lugar que ocupa mi cerebro. El haz de luz iluminaba mi cuerpo; con una taquicardia desbocada, aparté delicadamente la cortina. Tuve que girar la cabeza para encontrar a un corro de personas en silencio, que al percatarse de mi presencia abrieron un surco para permitirme contemplar a un hermoso niño durmiente. Nacido, a juzgar por el color y las arrugas de su piel, hacía poco tiempo. La arritmia desapareció al instante. Sin decir palabra, me acerqué. Su aura, poseía todos los colores, parecía una gema depositada en un barreño de latón, relleno de hojas de maíz. La madre, estaba tumbada a su lado, atendida por una campesina de luto riguroso, que le ayudaba a tomar un líquido humeante de un tazón de barro. Nuevamente empujado por la fuerza impalpable, hinqué mis rodillas en el suelo. Al levantar la mirada, sentí un impacto en lo más profundo de mi alma. En semejante cuadro, cada persona ocupaba un puesto determinado, como en la mesa de un banquete de bodas, la situación implica el grado de participación en el festejo: Al otro lado del barreño, haciendo las veces de padre, encontré un rostro familiar. Tan familiar, que por un instante perdí la noción del espacio y el tiempo. Tuve que volver a sondear con la vista el interior de la cueva, antes de volver a mirarle y convencerme de que aquel que oraba de pie y con la cabeza agachada, no era otro que Román. Estaba milagrosamente libre de las secuelas del golpe. No pude creerlo, y, sin embargo, sabía que era él. Alzando la cara, y con una ternura infinita, sostuvo firmemente su mirada con la mía corroborando mis sospechas, a pesar de no encontrar en su mirada el desvío ocular. Pues bien, mi capacidad para sorprenderme no se agotó con el reencuentro con aquel testigo de mi pasado. Como ya he dicho, cada cual ocupaba un lugar específico, el de la madre, estaba ocupado por un cuerpo extrañamente lejano de la frágil figura femenina, una enorme mano de hombre acariciaba al niño. Aquello, era un transexual. Antes de que el poco raciocinio que me quedaba se pusiera en marcha, sentí en mi pecho el abrazo de Román, al que ni siquiera advertí acercarse, absorto como estaba ante aquel sinsentido, prodigio de circo, fruto de algún científico loco. Román susurró en mi oído estas palabras:
─Judex Cordus, La Luz, te ha conducido hasta él.
Estaba al corriente de todo. No había duda. Pronunciaba perfectamente, le miré confuso; mi cara rogaba respuestas. Agarrándome del brazo me condujo fuera de la cueva, aquel rayo tenaz, seguía iluminando la entrada. Sin ninguna entonación particular en la voz, prosiguió:
─Todo el futuro del planeta está en sus manos. Ha venido a terminar la Obra de su padre. Adórale antes de tu partida.
─Román, tu voz, tus ojos, esa mujer.
─No te hagas preguntas vanas. ¿Has de extrañarte de algo viendo en ti mismo el prodigio?
Tenía razón. Desapareció la poca resistencia que había en mí, no obstante, siguió hablando:
─Mi voz y mis ojos, mi cuerpo encogido por aquel fatídico golpe que iba dirigido a ti. Una pieza del ajedrez debía sufrir la dificultad en su empresa. Tú fuiste el objetivo deseado, yo, la pieza que se sacrifica para desbaratar los planes del contrincante. Como ves, no todo es lo que parece. Vuelve dentro, ríndele homenaje y sigue tu camino. Judex Cordus y su madre, son conscientes de la importancia que tienes en la culminación de la Obra.
Regresamos al interior de la cueva, el tiempo parecía detenido, nadie se había movido de su sitio. El pasillo formado por las personas que seguían adorando a un niño nacido de hombre, nos invitaba a acercarnos. La madre, o lo que fuera, me miraba sonriente y con pena en el rostro. Casi pude oír cómo mentalmente me suplicaba que me acercase más. Lo hice, me arrodillé después para facilitar la charla.
─Sé que eres madrileño. ─Dijo dulcemente con vozarrón poco femenil─ También sé que no regresarás en mucho tiempo. A pesar de ello, quisiera que nos mantuvieses informados de alguna manera, ya que yo no regresaré nunca a nuestra tierra. También creo que le vendrá bien a mi hijo, serás el único que conozca nuestro paradero. Si me dices que no, echarás por tierra la única concesión que me ha hecho tu amigo el guardián. Nos llevará a un lugar que se llama Santa Cruz, apartado de todo.
─Pierde cuidado, lo haré. Como sea, estarás al corriente de lo que ocurra.
Parecía que aquella era toda su preocupación, porque después de haberle dado el sí, se durmió dulcemente, agotada por el esfuerzo de parir a un hijo. Entonces, busqué el fruto de aquel agotamiento. Las arrugas habían desaparecido de su rostro. Despierto, me miraba fijamente. Veía. Me desplacé con las rodillas para estar más cerca de él, y me siguió con la mirada. Recibió mi cara de intriga con una amplia sonrisa que hizo vibrar hasta la última partícula de mi cuerpo. Mi vista se nubló. Durante un instante, todo se borró o se tiñó de blanco. No sé muy bien. Todo excepto El Niño, que seguía suspendido frente a mí, flotando en aquella luz blanca que se había tragado al resto. La voz del Guardián a mi espalda, suplicaba mi partida, haciéndome volver a la dimensión de los mortales:
Si vais a la página 98 del guión, veréis cuán importante es la luz en el texto, lo repite varias veces, es algo que no puede apreciar en la película. En la página 99 el cura exclama:
─Como Cristo... Mira al niño. Es él. El Anticristo ha nacido.
Esto no es nada, porque en la página 39 del guión el CURA dice a CAVAN:

¿Y qué me decís de la estrella sintética que aparece entre las torres Kio?
¿Entendéis ahora por qué estaba ahí?
Podéis comprobarlo leyendo el guión y viendo las escenas que os señalo:

