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La Coctelera

LA LUZ

¿ EL LIBRO QUE DIO ORIGEN A "El día de la bestia" ?

7 Mayo 2011

La cucaracha que anuncia al Diablo.

Una cucaracha nada más convocar al Diablo. Y metáfora de cucarachas en La Luz cuando se da la batalla entre el bien y el mal.

CAPITULO 10 (CUENTA ATRAS, INICIO DEL FIN) Tras la batalla entre el bien y el mal en la estación Sur de autobuses, Verónica rememora en sueños lo que sucedió en esa contienda.

              Abandonada a la crueldad de su memoria, asiste resignada al desfile de ansias y espectros de una existencia frenética y torturada. Igual que dos marcas en su frente grabadas al rojo vivo, tiene esculpidos en los albores del sueño, los ojos aterrorizados de su hermano suplicándole auxilio, congelado en el sitio; contemplando cómo se le echaba encima un autobús que incomprensiblemente perdió los frenos mientras maniobraba para salir, y que acabó aplastándole contra la pared. Recuerda los gritos, pero ella sólo escucha el propio, mientras inútilmente trataba de mover a empujones el vehículo asesino. Supo desde el primer momento que algo saldría mal; a medida que se acercaban los cuatro a la Estación Sur de Autobuses, donde al parecer se dirigían según una vecina que les vio cargados con un par de maletas, aumentaba en sus entrañas el mismo vértigo que le impidió fumar en presencia del guardián.
              En pocos segundos, revive adormecida los angustiosos momentos que precedieron a tan cruel desenlace. Después de recorrer las taquillas, los encontraron en la planta superior, esperando la apertura del vehículo. Recuerda al guardián parapetando a la preñada, intuyendo el peligro. La Remilgo, seguramente advertida de su llegada, con expresión de miedo permanecía sentada, sosteniendo revistas en su regazo. Samuel se quedó alejado del grupo, el japonés y el guardián, frente a frente, inmóviles, mirándose con ira el uno al otro, Cris y ella, espantadas por las caras de ambos, con prudente miedo dieron un rodeo para acercarse a la futura madre, intentaban sin éxito ponerla en pie. Tendrían que llevársela a un lugar donde Samuel  pudiera cumplir su misión. Pero la futura madre, se negaba mudamente histérica sacudiendo la cabeza, apretando su trasero contra el asiento. Todo ocurrió tan deprisa, pidió ayuda a su pobre hermano para levantar a la presa, cuando por fin reaccionó, cometió el error de acercarse a ellas pasando muy cerca del japonés y del guardián, éste, con la velocidad de un camaleón atrapando una mosca, posó su mano en el hombro de Samuel. Instantáneamente quedó paralizado, mirando con expresión de sufrimiento a su predador, que no apartaba la vista del japonés. A pesar del mutismo con el que actuaban, la tensión era tal, que todos los presentes fijaban sus ojos en ellos; alguien dio el quedo de que estaba pasando algo raro. En segundos, la gente se arremolinó, pasiva, pero ávida de diversión que dulcificara la espera. Tres parejas de guardias jurados se abrieron paso entre la gente. Alcanzaron el ruedo, ignorantes de las fuerzas que pretendían reducir. Recibieron algo parecido a una descarga que los despidió hacia atrás golpeando a los desprevenidos mirones. El corro se deshizo, huyeron con la misma rapidez y desconcierto de las cucarachas sorprendidas por la luz en la cocina. Las tres amigas, quedaron estupefactas, nadie meneó una pestaña, y, sin embargo, los seis guardias, salieron despedidos sin darles tiempo para hablar. Habría querido no enterarse jamás de lo que sucedía en la cabeza de su hermano; le miraba a él, y a los otros dos esperando que sucediese algo de una vez, intrigada por lo que pudieran estar haciendo. Tuvo que esperar a las pesadillas para saberlo. Atenta a todo, contempló también a los guardias que comenzaban a recuperarse. Aún aturdidos, se les doblaban las piernas cuando intentaban ponerse en pie. De ningún modo pretendieron una segunda carga, se dedicaron a mantener alejados a los pocos curiosos que, además, eran atrevidos. Alguien les dijo que la policía estaba avisada. Recuerda perfectamente el triángulo que formaban su hermano y aquellos dos seres, cada vez más extraños. Sólo en sueños se le abre la ventana que le permite asistir a la lucha que mantuvieron en aquella especie de éter de olor putrefacto. Gritos ensordecedores salían de sus cuerpos, machacando los cerebros de los dos hermanos, mientras los inmóviles contendientes proyectaban hacia el contrario extrañas luces que atravesaban sus cuerpos, mas las únicas convulsiones que se producían eran de carácter sonoro, pero el cruce de fuego era tan intenso que incluso se perdían las figuras que los producían. El estallido de un universo ocupó el lugar del oriental. Acabado el enfrentamiento, los gritos y las luces cesaron. El guardián se mantenía inmóvil en el mismo lugar. Samuel era el trofeo. En aquel instante, tras un ligero nublamiento de consciencia, regresaban a la cochera de salidas de la Estación Sur, el oriental yacía en el suelo con el gesto de alguien muerto por asfixia, Samuel se apartó caminando inseguro hacia atrás, dio con su espalda en la pared. Una y otra vez, los ojos de su hermano pidiéndole ayuda, una y otra vez, el autobús le aplastaba inmisericorde contra el muro. Cuando llegó la policía con el Carapán al mando, Cris se ocultó en un lavabo, el Guardián y la Remilgo habían huido aprovechando la confusión. Varios policías intentaron reanimar al oriental, pero su cara estaba azulada, y la falta de pálpito en la aorta anunciaba su muerte. Dos muertos, eran demasiado, incluso para Carapán. Ignorando que uno de ellos era su hermano, y como ésta no arrancaba a explicarse, sacudió un guantazo a la plañidera Verónica, que cayó al suelo abatida, no por la bofetada, sino por la inaguantable visión de las vísceras de su hermano esparcidas por el suelo.
              Recuperada la vigilia, estimulada por un cosquilleo áspero en sus intimidades, sus senos y su vagina estaban siendo acariciados por alguien desde el exterior de sus sueños. Abrió los ojos, viendo la silueta de Aniceto con una sonrisa estúpida en la cara, masturbándose mientras le acaricia.

Dos veces aparece mención a una cucaracha en el día de la bestia.

Una, en la escena en que convocan al Diablo, y otra, en la escena 99 (pág 102), que por cierto, no aparece en la versión estrenada en el 95. ¿O sí? Creo que no. Que en la peli sólo se ve una sola cucaracha y no 2 como en el guión. No obstante, la vejez hace floja la memoria, y si alguien recuerda que se ve una segunda cucaracha en la peli final estrenada, que lo diga. Es que no tengo ganas de volver a ver la peli para corroborarlo. Pero juraría que no.

Zenón

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